Dolor pélvico en mujeres: cuándo puede ayudarte la fisioterapia de suelo pélvico

El dolor pélvico en mujeres es más frecuente de lo que parece, aunque muchas veces se normaliza o se atribuye únicamente a la menstruación, el embarazo o el posparto.

Cuando las molestias se repiten, duran varias semanas o limitan actividades cotidianas, conviene valorar su origen. En muchos casos, la fisioterapia de suelo pélvico puede ayudar a reducir el dolor y recuperar la funcionalidad de la zona.

¿Qué se considera dolor pélvico?

El dolor pélvico es cualquier molestia localizada en la parte baja del abdomen, la pelvis, el periné o las estructuras próximas.

No siempre se presenta del mismo modo. Algunas mujeres sienten presión o pesadez, mientras que otras describen pinchazos, quemazón o dolor profundo.

Las molestias pueden aparecer:

  • Durante la menstruación.
  • Al mantener relaciones sexuales.
  • Después de realizar ejercicio.
  • Al permanecer mucho tiempo sentada.
  • Al orinar o defecar.
  • Durante el embarazo o después del parto.

También puede tratarse de un dolor continuo, sin un desencadenante claro, que termina interfiriendo en el descanso, el trabajo o la actividad física.

No todo el dolor pélvico tiene un origen ginecológico

Es habitual pensar que cualquier molestia en esta zona está relacionada con el útero, los ovarios o el ciclo menstrual.

Sin embargo, el origen también puede encontrarse en la musculatura, las articulaciones, el sistema digestivo, la vejiga o los nervios de la pelvis.

El suelo pélvico está formado por músculos y tejidos que sostienen la vejiga, el útero y el recto. Además, participa en la continencia, las relaciones sexuales, la estabilidad de la pelvis y la gestión de las presiones abdominales.

Cuando esta musculatura está demasiado tensa, debilitada o no se coordina correctamente, puede aparecer dolor incluso aunque no exista una lesión visible.

Situaciones que pueden favorecer su aparición

  • Embarazo y posparto, por los cambios posturales, hormonales y musculares.
  • Cirugías abdominales o ginecológicas, que pueden alterar la movilidad de los tejidos.
  • Endometriosis u otras patologías ginecológicas.
  • Estreñimiento mantenido y esfuerzos frecuentes al evacuar.
  • Estrés, que puede aumentar la tensión muscular de forma involuntaria.
  • Deportes de impacto o entrenamientos con una mala gestión de la presión abdominal.
  • Relaciones sexuales dolorosas asociadas a hipertonía o sensibilidad de los tejidos.
  • Muchas horas sentada, especialmente si ya existe tensión en la zona lumbar y pélvica.

Síntomas que no conviene normalizar

  1. Dolor pélvico que se mantiene durante varias semanas.
  2. Molestias durante o después de las relaciones sexuales.
  3. Sensación de presión o peso en la pelvis.
  4. Dolor al permanecer sentada o al realizar ejercicio.
  5. Pérdidas de orina asociadas a las molestias.
  6. Dificultad para relajar la zona al orinar o defecar.
  7. Dolor que continúa después del embarazo o del parto.

También es importante valorar síntomas como sangrado anormal, fiebre, dolor intenso de aparición repentina o alteraciones urinarias importantes. En estos casos, debe realizarse primero una valoración médica.

¿Qué puede estar ocurriendo en el suelo pélvico?

El dolor pélvico no siempre está relacionado con una musculatura débil. En muchas mujeres ocurre justo lo contrario: el suelo pélvico permanece demasiado tenso y tiene dificultad para relajarse, una alteración conocida como hipertonía del suelo pélvico.

Esta tensión puede provocar dolor, sensación de presión, molestias durante las relaciones sexuales o dificultades para orinar y defecar con normalidad.

Además, factores como cicatrices, una mala coordinación entre la respiración y el abdomen o alteraciones en la movilidad de la pelvis también pueden estar detrás de estas molestias.

Por eso, antes de realizar ejercicios para fortalecer el suelo pélvico, es importante realizar una valoración. Si la musculatura ya está demasiado tensa, algunos ejercicios pueden aumentar el dolor en lugar de aliviarlo.

Cómo se realiza la valoración de fisioterapia

El tratamiento comienza con una entrevista para conocer los síntomas, desde cuándo aparecen y qué actividades los empeoran.

También se tienen en cuenta aspectos como embarazos, partos, cirugías previas, estreñimiento, actividad deportiva y hábitos diarios.

La valoración puede incluir:

  • Análisis de la postura y la respiración.
  • Movilidad de la pelvis y la zona lumbar.
  • Funcionamiento de la musculatura abdominal.
  • Capacidad de contracción y relajación del suelo pélvico.
  • Estado de cicatrices y tejidos próximos.
  • Gestión de la presión al toser, cargar peso o hacer ejercicio.

Cómo puede ayudarte la fisioterapia de suelo pélvico

El objetivo no es aplicar el mismo tratamiento a todas las pacientes, sino actuar sobre la causa concreta del dolor.

Según los resultados de la valoración, pueden emplearse diferentes herramientas.

Terapia manual

Puede ayudar a reducir la tensión muscular, mejorar la movilidad de los tejidos y tratar zonas especialmente sensibles.

También se utiliza para trabajar cicatrices, restricciones o molestias relacionadas con el abdomen, la pelvis y la zona lumbar.

Ejercicio terapéutico

No siempre consiste en fortalecer. En algunos casos, el primer objetivo es aprender a relajar y coordinar correctamente la musculatura.

Los ejercicios pueden centrarse en:

  1. Mejorar la respiración diafragmática.
  2. Coordinar abdomen y suelo pélvico.
  3. Recuperar la movilidad de la pelvis.
  4. Fortalecer de forma progresiva cuando sea necesario.
  5. Preparar la zona para volver al deporte o a las actividades diarias.

Educación y cambios en los hábitos

Algunos gestos cotidianos pueden mantener o empeorar el dolor.

Aprender a gestionar los esfuerzos, evitar empujar al ir al baño, revisar la postura o adaptar temporalmente el ejercicio puede ser una parte importante del tratamiento.

¿Cuándo es recomendable pedir una valoración?

No es necesario esperar a que el dolor sea intenso o se haya vuelto crónico.

La fisioterapia de suelo pélvico puede ser útil cuando las molestias se repiten, afectan a las relaciones sexuales, dificultan el ejercicio o aparecen junto a problemas urinarios o intestinales.

También está indicada cuando el dolor continúa después del parto o tras una cirugía abdominal o ginecológica.

Cuanto antes se identifiquen los factores que están provocando las molestias, más sencillo será diseñar un tratamiento adaptado y evitar que el problema se prolongue.

Escrito por

David Marcos

FISIOTERAPEUTA

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